Un accidente cerebrovascular o ictus es una interrupción repentina del flujo sanguíneo a una parte del cerebro o rotura de una vena o arteria cerebral produciendo una hemorragia. Existen dos tipos de ictus claramente diferenciados según el tipo de lesión:
- Ictus isquémico: También denominado infarto cerebral, que se produce por una obstrucción; con la posterior disminución del flujo sanguíneo al cerebro. Comprenden el 75% de los ictus y sus consecuencias suelen ser incapacitantes o mortales.
- Ictus hemorrágico: Denominado también hemorragia cerebral, es producido por la rotura de un vaso sanguíneo que provoca la salida de sangre y la compresión de estructuras del sistema nervioso central.
Los síntomas más comunes de la posible aparición de un ictus son:
- Pérdida de fuerza en la mitad del cuerpo (cara, brazo y pierna)
- Dificultad para hablar
- Pérdida de sensibilidad u hormigueos en la mitad del cuerpo
- Pérdida de visión en un ojo
- Dolor de cabeza muy intenso, distinto al habitual.
Alrededor de un 30% de los pacientes pueden tener síntomas previos y son llamados “ataques isquémicos transitorios”. Es muy importante diferenciarlos para poder evitar un posterior infarto cerebral.
Esta patología afecta a una de cada seis personas a lo largo de la vida, cada seis minutos se produce uno en España y cada catorce minutos muere un paciente por esta causa.
En cuanto a las causas del ictus isquémico nos encontramos:
- Ictus por arterioesclerosis
- Ictus cardioembólico
- Ictus por trombosis venosa cerebral
- Ictus por causa indeterminada
Las causas del ictus hemorrágico son:
- Presión arterial alta
- Procesos degenerativos
- Hemorragias secundarias
Los factores de riesgo más comunes de la población a desarrollar un ictus son:
- Modificables:
- Hipertensión
- Diabetes
- Sedentarismo
- Obesidad
- Tabaco/drogas
- Colesterol alto
- Estrés
- No modificables:
- Edad
- Género
- Antecedentes familiares
- Grupos poblacionales/entorno
Para prevenir un ictus la mejor opción es llevar una vida saludable, buena alimentación, poco estrés, tener buena calidad de sueño y realizar actividad física.
Nos vamos a centrar en cómo la actividad física y el ejercicio, ayuda a prevenir en un alto porcentaje, la probabilidad de padecer un accidente cerebrovascular.
Se ha demostrado que el ejercicio físico regular, sin necesidad de realizar a alta actividad, reduce el riesgo de padecer un ictus.
El ejercicio físico produce un aumento en la sensibilidad a la insulina, reduce la agregación plaquetar, el peso y la presión sanguínea y aumenta los niveles de HDL-colesterol. Se recomienda realizar actividad física moderada cada día, en torno a unos 30 minutos, como mínimo caminar, pero se recomienda realizar ejercicio de fuerza.
La práctica de actividad física continuada produce un descenso de la frecuencia cardiaca en reposo. Sin hacer ningún tipo de actividad, el corazón va a tener que contraerse menos veces para enviar la misma cantidad de sangre al cuerpo, consiguiendo así un sistema cardiovascular más eficaz, ya que se contrae menos veces y lleva la misma o mayor cantidad de sangre al organismo. Así mismo, la práctica continuada de actividad física también produce un descenso de la FC durante la realización de ejercicio físico de intensidad submáxima. Esto significa que, si antes de comenzar a hacer ejercicio correr a 12Km/h te suponía un esfuerzo en cuanto a FC de 140 lat/min, después de 4 semanas de entrenamiento este mismo ejercicio te supondría un esfuerzo de 130 lat/min.
Por lo tanto, el ejercicio físico reduce la frecuencia cardíaca, lo que se traduce en un menor riesgo de sufrir una patología cardiovascular y cerebrovascular.
Según la American Heart Association (AHA) y la OMS los valores normales de tensión arterial se situarían en 120/80mmHg, pero el rango de normalidad es amplio y varía según la edad y el sexo. Los valores superiores a 140/90mmHg se considera hipertensión arterial.
La hipertensión arterial mantenida es uno de los principales factores de riesgo a la hora de poder sufrir un accidente cerebrovascular.
A través del ejercicio físico podemos disminuir y estabilizar los valores de tensión arterial ya que son muchos los estudios que demuestran que la práctica de actividad física disminuye las cifras de tensión arterial en reposo y, durante el ejercicio, experimenta incrementos más leves que en sujetos no entrenados, de manera que la sobrecarga a la que se ve sometida el corazón se reduce.
De esta manera el ejercicio reduce la tensión arterial ya que produce una vasodilatación que tiende a disminuir las resistencias vasculares periféricas y por tanto, disminuir la tensión arterial diastólica durante el ejercicio, lo que reduce mucho el riesgo de padecer un ictus.
Además a nivel cardiovascular, el ejercicio físico aumenta el tamaño y el número de fibras miocárdicas, produciendo una hipertrofia del músculo cardíaco. Este aumento del tamaño del miocardio genera un aumento en la fuerza de contracción del corazón, lo que se traduce en una mejora del vaciado y llenado cardiaco, por tanto, en un incremento del volumen cardíaco (capaz de mover más sangre en un solo latido).
Un corazón sano bombea la sangre fluidamente a otras partes del organismo. Los músculos reciben la cantidad necesaria de sangre y oxígeno para funcionar. De la misma manera, el cerebro recibe el suministro requerido de sangre y oxígeno para operar. Así, un corazón saludable disminuye el riesgo de alta presión arterial, enfermedad cardíaca y cerebrovascular.
En conclusión, la realización de actividad física regular y de moderada intensidad, siempre bajo la supervisión de un profesional cualificado en entrenamiento personal y actividad física, dado que sin su control puede haber problemas de lesiones o mal planteamiento del entrenamiento, y resultar poco útil este esfuerzo por parte de la persona, haciendo especial hincapié en el ejercicio de fuerza, que provoca grandes mejoras a nivel cerebro y cardiovascular, se traduce en un gran descenso de la probabilidad de padecer algún tipo de accidente cerebrovascular además de otras enfermedades metabólicas.
Bibliografía:
1. https://portal.hospitalclinic.org/enfermedades/ictus/definicion
2. E. Martínez-Vila, P. Irimia. (2011) FACTORES DE RIESGO DEL ICTUS. ANALES Sis San Navarra 2000, Vol. 23, Suplemento 3
